No tengo demasida clara la definición del estado en el que ahora mismo me encuentro. Estoy entre el sopor, el aturdimiento y las ganas de salir ya de casa aunque la tormenta del momento me empieza a disuadir.
La noche empezó a orillas del rio, donde los brebajes y los inciensos de los druidas nos dieron las ganas justas para empezar una noche que acabaría en un larguísimo desayuno en los sillones de cuero desgastado.
Muchas copas, mucho tabaco, muchas risas y mucha gente, de ahora, de antes y de siempre que montamos nuestra propia procesión al compás que nosotros quisimos marcar.
Y justo cuando la noche empezaba a decaer, cuando el alcohol se subía a mi cabeza y me apartaba de todo, pasó lo justo y necesario para despertar, minutos que se me hicieron eternos y que hicieron la noche inolvidable, y es que todo lo que nos pasa, parece inevitable y se que me darás la razón :)
Y todo lo dicho entre lágrimas cobró, por fin, todo su significado.