
Bien, bien, bien. Me encuentro aislada en Gijón porque los subnormales de la autopista por la que pago el módico precio de 11 euros (1 euro por cada 10 kilómetros más o menos), no son capaces de salir de la cafetería de sabe dios que pueblo infecto poblado por anormales para hacer su trabajo y despejarla.
Así que me veo obligada a pedirle a todos mis familiares y allegados que no se mueran repentinamente porque lamentándolo mucho no podré ir a sus entierros.
Llevo puteada desde las 9 de la mañana queriendo irme a casa y cagándome en los idiotas de la DGT que para ellos la actualización "en directo" del estado de las carreteras significa un refresco de 8 a 10 horas, es decir, una gran precisión.
Ahora, eso sí, tengo que estar muy contenta (juas) por el gremio de esquiadores que pueden, por fín, dedicar su tiempo a tirarse montaña abajo, lo cual pueden hacer puesto que los accesos a las estaciones están completamente despejados, por muy monte arriba que estén, ya que es de extrema necesidad.
En fín, que pese a que me gusta la nieve, me cago en el temporal de los cojones y en Aucalsa con todas las ganas. Así que si los operarios de la autopista proveen me podré ir a León a ver si mañana los planes se truncan de una vez por todas o al final acaban saliendo medio bien.